Represión en Cuba

Política médica o medicina política?

¿Política médica o medicina política?

Ni siquiera en un terreno cuasi sagrado como el de la , donde los
profesionales juran bajo palabra hipocrática defender la vida de sus
pacientes a toda costa; los cubanos que se oponen al gobierno se pueden
sentir seguros.

Ernesto Morales/ Especial para martinoticias.com 20 de octubre de 2011

Hace poco menos de un año viví dos semanas pensando que tenía un cáncer
en mis ganglios. En noviembre de 2010, un equipo de patólogos del
Provincial "Carlos Manuel de Céspedes" de Bayamo firmó un papel
amarillento que, a máquina de escribir y con varios errores de
mecanografía, me dictaminaba un Linfoma de Hodgkin tipo Esclerosis Nodular.

La noticia no tardó en correr como pólvora en una ciudad de doscientas
mil personas donde mi nombre, debido a enfrentamientos
periodístico-políticos, había cobrado desafortunada notoriedad.

Quince días más tarde, otro equipo de patólogos, estos pertenecientes al
Hospital "Hermanos Ameijeiras", de La Habana, haría explotar a mi madre
en un llanto acumulado, al decirnos que aquel dictamen no era más que un
monstruoso error.

Los exámenes repetidos en La Habana a mis ganglios mostraban una
alteración (hiperplasia) quizás producto de un antiguo proceso viral,
que no contenía presencia alguna de malignidad.

El diagnóstico que me salvaría de las garras de la quimioterapia
llegaría después de procedimientos tan tortuosos como una biopsia de
hueso de la cadera, un medulograma, y otra biopsia del tejido nasal
(solo practicable introduciendo una especie de tijera finísima en mi
nariz hasta la laringe, y cortando una porción del tejido), que me
martirizaron durante varios días.

De regreso a mi ciudad oriental, con otro papel que me decía que a mis
26 años aún no enfrentaría yo cáncer alguno, jamás pude conocer qué
vieron o no vieron en mis células los cinco patólogos bayameses que
dictaminaron mi Linfoma de Hodgkin.

Eso sí: consultas bibliográficas y decenas preguntas a otros médicos me
permitieron saber que esta clase de linfomas poseen células con una
estructura clara, bien definida, clásica, que tornan bien difícil
cualquier confusión.

Jamás afirmaré que detrás de un dictamen que destruyó los nervios de mi
familia y de mis amigos, estuvo la mano oscura y todopoderosa de la
Seguridad del Estado, como sí afirmaban varios de los míos, alarmados
con el inconcebible error. Jamás señalaré al aparato político, ni
siquiera porque supe que mi caso era seguido bien de cerca por algunos
atentos agentitos locales. No es mi especialidad fundar mis criterios
sobre bases subjetivas, sin argumentos de peso en mi mano: esa es la
especialidad de los difamadores.

Sin embargo, ahora que tras la meteórica muerte de Laura Pollán algunos
conocidos opositores cubanos (Elizardo Sánchez, Guillermo Fariñas, José
Daniel Ferrer, entre muchos otros) han firmado una declaración de
rechazo a ser hospitalizados en caso de enfermedad, me resulta imposible
no recordar mi propia experiencia.

La tragedia nacional llega a esos extremos de paranoia justificada:
cuando un aparato de intelligentsia tiene poder para sacar de
Universidades a alumnos, para decidir quién viaja o no fuera del país,
para impedir que un usuario compre alimentos en un supermercado o entre
a un cine público; cuando ese aparato tiene presencia hasta en las
instituciones más anodinas y poco importantes de la sociedad, ¿por qué
creer que sus intereses no se harán prevalecer también en un hospital?

Este pronunciamiento del grupo Alianza Democrática Cubana, diciendo que
solo en caso de una intervención quirúrgica de urgencia desean ser
trasladados a un "hospital del régimen" (léase: todos los hospitales
cubanos), y siempre que un médico de su confianza así lo indique,
representa a mi juicio una de las declaraciones más terribles que podrán
conocerse en mucho tiempo: ni siquiera en el plano médico los desafectos
del sistema se sienten con garantías plenas.

Ni siquiera en un terreno cuasi sagrado como el de la salud, donde los
profesionales juran bajo palabra hipocrática defender la vida de sus
pacientes a toda costa; un terreno que debería no ceder jamás a
presiones o influencias de índole alguna, los cubanos que se oponen al
gobierno se pueden sentir seguros.

Yoani Sánchez me contó alguna vez cómo la atención médica de urgencia
que recibió en un policlínico habanero, fue relatada después, con pelos
y señas, a un que publicó un material televisivo en su contra.

De igual forma que yo jamás sabré cuánto de error y cuánto de intención
hubo en un diagnóstico que me arrancaba gran parte de mi juventud, es
probable que tampoco sepamos nunca cuán naturalmente llegaron dos virus
letales al cuerpo de Laura Pollán, si estuvieron alguna vez en ella, y
si en verdad fueron los causantes del deceso de la Dama de Blanco. Esa
es una de las tantas consecuencias del oscurantismo con que todo se
mueve a nivel oficial en Cuba.

Pero una dura verdad sí sabemos: demasiado carcomidos deben andar los
valores de una sociedad para que incluso de la responsabilidad, la
incorruptibilidad y la ética médica, tengan que desconfiar quienes
disienten de la política gubernamental. Con o sin razón.

http://www.martinoticias.com/noticias/cuba/Politica-medica-o-medicina-politica-132232718.html

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