Represión en Cuba

Sobrevivir para contarlo

Sobrevivir para contarlo
YUSIMÍ RODRÍGUEZ LÓPEZ | La Habana | 11 Abr 2016 – 6:00 am.

Desde el pasado jueves y hasta el miércoles 13, se exhibe el documental
Estoy viva… Lo voy a contar, de Lizette Vila e Ingrid León, en la sala
dos del Multicine Infanta, precediendo el filme norteamericano Un hombre
irracional.

Las que cuentan son 13 mujeres sobrevivientes de distintos tipos de
violencia. Lizette Vila e Ingrid León muestran todas las formas de
violencia que puede sufrir una mujer en Cuba: violencia física, sexual,
psicológica, laboral, racial, económica… Perdón, casi todas. No aparece
en el documental, ninguna de las mujeres que han sufrido represión por
parte de agentes de la Seguridad del Estado vestidos de civil y de
personas instigadas por las autoridades, por su oposición al Gobierno
“revolucionario” cubano. Pero es casi imposible que un solo documental
lo abarque todo, y Estoy viva… debe verse y apreciarse por lo que
muestra, por lo que es, y no por aquello que queda fuera y quisiéramos ver.

El documental no solo cuenta las historias de estas mujeres de distintas
razas, estratos sociales y niveles de instrucción, violentadas por un
ser querido, por un extraño, o por la sociedad; por ser negras,
lesbianas, o ambas. Las directoras también se encargan de señalar
exactamente qué derechos recogidos en la Constitución cubana o en la
Declaración Universal de los Derechos Humanos les han sido violados.

A algunos puede resultarles demasiado didáctico el hecho de mostrar en
pantalla el texto de determinado artículo de la Constitución o de la
Declaración Universal. Seguramente, lo es. Y es necesario. No basta
percatarnos de que algo está mal, que es injusto, que nos encabronemos
porque un padre violó a una hija o porque a una madre le hayan
arrebatado a las suyas. No basta ni que nuestro actual presidente haya
reconocido en conferencia de prensa, el 21 de marzo, que en Cuba no se
garantizan todos los derechos humanos. Sorpresa, para muchos que hasta
entonces estaban dispuestos a matar a quien se atreviese a denunciar las
violaciones de derechos humanos cometidas en Cuba.

Es importante que sepamos con exactitud qué derechos se le violan a esa
mujer oriental cuando se le niega atención médica en el país donde,
según nuestra Constitución, el acceso a la salud es gratuito y universal.

Cuando hace aproximadamente un mes, Lizette Vila anunciaba el estreno de
Estoy viva… en el programa televisivo “Arte 7”, y pasaban algunas
imágenes del documental, me alegró ver a Kirian entre las entrevistadas.
Su inclusión en el filme muestra la valentía de las directoras. En lo
particular, su historia no guardaba sorpresas para mí; meses atrás fue
entrevistada por mí en este diario y contó todo lo que había que contar.
O eso creí. Estoy viva… demuestra que estaba equivocada y aún quedan
detalles horribles por conocer en la vida de Kirian.

Quienes hayan visto algún documental sobre la actriz y directora Isabel
Santos, tampoco piensen que conocen todo sobre su vida.

Tampoco espere nadie que verá un documental sensiblero y lacrimógeno.
Como afirma Kirian, dejarse derrotar es para las débiles. Estas mujeres,
que están vivas y además decidieron contar sus historias, no lo son.

Estoy viva… resulta bastante convencional en su realización y muy
parecido a un montón de documentales. Al ver a estas mujeres sentadas
frente a la cámara, contando sus historias que nos llegan fragmentadas;
algunas fotos viejas e imágenes de archivo, los textos de la
Constitución y de la Declaración Universal de Derechos Humanos, y la
niña que juega, ajena a estas historias, segura de que tendrá un futuro
feliz, podemos pensar que estamos ante un documental más. Sin dudas, lo
es. Pero después de verlo, las personas reflexionarán dos veces antes de
afirmar que en Cuba todos los derechos de las mujeres están plenamente
garantizados. Habrá un granito más de sensibilidad en las mentes de
cubanas y cubanos. Al menos, eso quiero creer.

En la realidad, el pasado jueves, en la tanda de las 8:00, el documental
empezó a proyectarse antes de las 7:50, y se interrumpió varios minutos
antes del final. Dentro de la sala, algunas voces mostraron un disgusto
tímido; otras, todas masculinas, exigían que comenzara la película. Y
fueron complacidos.

Estoy viva… merecía destino mejor que el de ser una especie de
obstáculo, el trago amargo que hay que tomar antes del plato fuerte (la
película de Woody Allen, con actuación de Joaquín Phoenix, muy buena,
por cierto). Su estreno, con presencia de las directoras y las
protagonistas, estaba programado para la tarde del domingo 20 de marzo
en el Cine Charles Chaplin. Todos sabemos que ese día tuvo lugar un
suceso histórico en nuestro país: la visita del presidente
norteamericano Barack Obama, primer negro en resultar electo (y
reelecto) en EEUU, y primer presidente norteamericano en funciones de
visita en la Isla, en más de 80 años.

Ese hecho histórico alteró muchas cosas; una de ellas, la proyección de
Estoy viva… Lo voy a contar, en la fecha prevista.

Más que a las grandes salas de cine, este es un documental que debería
llegar a las comunidades, a los barrios más pobres, a los sitios donde
viven las mujeres más marginadas y menos conscientes de sus derechos.

Source: Sobrevivir para contarlo | Diario de Cuba –
www.diariodecuba.com/derechos-humanos/1460323430_21580.html

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