Represión en Cuba

Biscet y los nuevos inmigrantes

Biscet y los nuevos inmigrantes
El opositor aseguró en Miami que los nuevos inmigrantes tenían “empleos
del Estado, muy buenos” antes de salir de Cuba
Redacción CE, Madrid | 30/06/2016 11:39 am

El opositor cubano Óscar Elías Biscet aseguró el miércoles en Miami que
la mayoría de los inmigrantes que forman parte de la nueva ola masiva de
cubanos a EEUU son jóvenes que estaban vinculados laboralmente al
Gobierno de la Isla. Y aunque los considera personas inconformes con el
régimen, no considera que emigren por falta de trabajo y mucho menos que
sean perseguidos políticos.
Biscet aseguró que estos inmigrantes tenían “empleos del Estado, muy
buenos” y ahora son “abrazados” por la Ley de Ajuste Cubano de Estados
Unidos, informa la agencia Efe.
Los cubanos que tocan territorio en EEUU son favorecidos por la Ley de
Ajuste Cubano de 1966 y su política de “pies secos/pies mojados” y
pueden quedarse en el país, mientras que aquellos que son interceptados
antes de alcanzar la costa son deportados a la Isla.
Más de 35.000 inmigrantes cubanos han llegado a Estados Unidos en los
primeros siete meses del presente año fiscal, que comenzó en octubre de
2015, según datos oficiales de EEUU.
Biscet, quien habló en un evento en el Instituto de Estudios Cubanos y
Cubanoamericanos, en la Universidad de Miami, señaló que muchos de estos
inmigrantes forman parte de los “dobles pensadores” en Cuba, es decir
aquellos que aunque están inconformes con el régimen “no se comprometen”
a poner ese pensamiento en la práctica.
Las palabras del opositor constituyen una reafirmación de una tendencia
creciente en un sector del exilio de Miami —y fundamentalmente dentro de
los legisladores cubanoamericanos— de que la actual ola migratoria
cubana no reúne verdaderamente los criterios políticos que tales
legisladores consideran parte del espíritu, aunque no la letra, de la
Ley de Ajuste Cubano. Aunque dicha normativa no otorga asilo político
—para ello hay otros procedimientos dentro de las leyes
estadounidenses—, por décadas su fundamentación fue defendida con
criterios políticos en Miami. La clave implícita o explícita siempre fue
el criterio de “persecución”. En este sentido, Biscet ha ido un paso más
allá, al sostener no solo la inexistencia de persecución política, sino
la ausencia de necesidad económica.
Los legisladores cubanoamericanos que quieren modificar la medida
—quienes por otra parte apoyan a Biscet y lo presentan como un ejemplo
de oposición y patriotismo— fundamentan precisamente sus demandas en dos
factores: el abuso de los beneficios a consecuencia de la ley y la
ausencia de conflictos con el régimen, y la inexistencia de represalias
que le permiten en poco tiempo visitar de nuevo Cuba.
Las declaraciones de Biscet se insertan en dos fenómenos en crecimiento
dentro de la oleada en aumento de emigrantes cubanos que aspiran a
llegar a Estados Unidos.
Uno es la actitud cada vez menos tolerante frente a la huida en aumento
de cubanos de la Isla. Desde hace décadas los cubanos son cada vez menos
percibidos como personas en busca de libertad y más como individuos que
buscan mejorar económicamente sus vidas, en el mejor de los casos. Otro
es la conducta cada vez más agresiva que están mostrando algunos que
huyen, lo que puede explicarse por una mezcla de factores que van desde
la desesperación hasta condicionantes sociales. Junto a ambos aspectos
se encuentra un tercer factor, y es la sospecha de que el régimen de La
Habana no solo se aprovecha sino que explota la desesperación, el
desamparo y las facilidades y condiciones existente en los países
democráticos para beneficio propio.
Décadas de rechazo
Fue durante el gobierno del presidente Ronald Reagan —tan admirado en el
exilio de Miami— que se produjo el primer cambio en la actitud de
recibir a cualquier cubano que huía de Cuba, ya sea mediante el robo de
una embarcación o como polizonte.
Andrés Rodríguez Hernández se convirtió en el primer cubano devuelto
desde que Fidel Castro ocupó el poder en 1959. Había llegado a EEUU como
polizón y fue devuelto a la Isla, donde fue condenado a prisión.
Reagan redujo a la mitad —de 36 a 18 meses— la ayuda federal concedida
por la Ley de los Refugiados de 1980 a los cubanos procedentes del
Mariel. Rompió la promesa de otorgar visas a todos los expresos
políticos y permitió la encarcelación en el centro de indocumentados de
Krome, por largos períodos de tiempo, de quienes huían de la Isla en
balsas y pequeños botes.
A partir de entonces y hasta hoy, el problema migratorio cubano ha sido
una constante presente en la política norteamericana, en que las crisis
han alternado con épocas de una emigración más o menos organizada, pero
siempre creciente. Las soluciones del Gobierno estadounidense siempre
han sido puntuales —dentro de un espíritu que hay que reconocer que se
ha caracterizado por la generosidad— y nunca definidas, por las
características propias del problema; el determinante fundamental se ha
mantenido sin cambio, y es la existencia del régimen cubano. Pero lo que
ha ido cambiando a lo largo de los años es la actitud del exilio hacia
los nuevos inmigrantes.
Cuando la administración del presidente George W. Bush repatrió a seis
cubanos acusados de secuestrar una embarcación, que luego recibieron
condenas en la Isla, la comunidad exiliada respondió indignada. Es
difícil que igual ira ocurriese ahora, en el caso hipotético de que algo
similar pasara.
En enero de 2006, la repatriación de 15 inmigrantes que llegaron a un
puente semiderruido, en una época parte de la línea de ferrocarril entre
Miami y los Cayos de la Florida, puso en evidencia no sólo lo inadecuado
de la política de pies secos/pies mojados, sino las injusticias que se
comenten a su amparo.
Más allá de lo injusto de la devolución —el estado de abandono del
puente no lo excluye de formar parte del territorio norteamericano: no
es una “tierra de nadie”, imposible apoderarse de los pedazos de armazón
en ruina y venderlos como chatarra o declararlos la “República
Independiente del Puente”—, la falta de sensibilidad y la indiferencia
del Gobierno norteamericano indignó a muchos en Miami.
A finales de febrero, un tribunal de Miami estimó que la decisión de
devolverlos a Cuba había sido un error y que debían ser aceptados en
EEUU. Posteriormente, el 24 de marzo, el Servicio de Inmigración y
Naturalización les otorgó visas a todos. salvo a uno que estando a bordo
de un barco de los guardacostas dijo tener problemas pendientes con la
justicia en Cuba. El 28 de marzo empezaron los trámites para obtener el
permiso de salida de la Isla.
Ahora un juez federal decidió no interferir en la repatriación de los
balseros cubanos que fueron encontrados en un faro de la Florida a 6,5
millas náuticas del cayo Sugarloaf el pasado 20 de mayo.
Los migrantes permanecían en una patrulla en alta mar esperando la
decisión del magistrado.
Hay diferencias en ambos casos. El juez determinó que la ley “pies
secos, pies mojados” no se extiende al Faro American Shoal, donde fueron
hallados, mientras que los abogados de los cubanos aseguraban que por
tratarse de una instalación federal, un faro cumplía supuestamente con
la premisa de que es territorio de EEUU, ya que es una edificación
federal que está sobre propiedad federal. Pero el hecho de que no
existiera una conexión con tierra, como en el caso precedente, fue
determinante.
Sin embargo, más allá de las posibles diferencias legales, lo que vale
destacar es la apatía de la comunidad cubana ante el hecho. Solo una
organización, El Movimiento Democracia, mostró su apoyo a los inmigrantes.
Hostilidad y agresión
Uno de los 11 balseros cubanos que desembarcaron en una playa del
condado de Broward, en una llegada caótica que incluyó el disparo de
pistolas Tasers y el uso de balas pimienta, fue acusado de asalto
después de que presuntamente el inmigrante atacara con un machete a un
agente federal que intentó detenerlo en el mar.
Los 10 hombres y una mujer a bordo de la embarcación de la Guardia
Costera ignoraron las órdenes para detenerse. Algunos de los balseros
blandieron sus cuchillos y amenazaron con hacerse daño si los agentes se
acercaban. El incidente llegó al punto de que uno de los balseros se
apuñaló con un cuchillo. La herida fue superficial y recibió atención
médica.
Han ido en aumento los informes de la Guardia Costera de balseros que
supuestamente se infringen heridas para tener que ser atendidos en
centros hospitalarios estadounidenses, y así poder acogerse a “pies
secos/pies mojados”.
En enero de 2016 la agencia Associated Press tuvo acceso a un informe de
la Guardia Costera que daba cuenta del aumento de personas que saltan al
agua, se intentan envenenar a sí mismos o se provocan heridas, en un
intento desesperado por ser llevados a tierra para recibir tratamiento.
El informe señalaba la hostilidad de los migrantes citaba casos de
varias embarcaciones improvisadas que llevan a al menos una docena de
migrantes que han rehusado detenerse ante las órdenes de las autoridades
estadounidenses, provocando persecuciones a baja velocidad que duran
horas antes de rendirse, de acuerdo a una información de Martínoticias.
Protestas
Aunque sin llegar a igual grado de violencia, la indefinición en el caso
de los emigrantes cubanos en Ecuador ha llevado a un aumento de las
protestas
El grupo que en horas de la madrugada del pasado domingo fue desalojado
de las inmediaciones de la embajada de México en Quito, se dirigió a la
embajada estadounidense, en la búsqueda de una solución a la crisis en
que están envueltos. La policía no los dejó llegar a la embajada donde
tenían previsto entregar una carta solicitando ayuda para pedir refugio.
El lunes una representación de los inmigrantes se presentó en la sede
diplomática de los Estados Unidos en Quito, y entregaron una carta donde
solicitan visas humanitarias y/o asilo político como solución al
problema migratorio a los más de 5.000 cubanos que permanecen en
Ecuador, de acuerdo a Martínoticias.
En medio de una fuerte presencia policial, unos 500 cubanos se
concentraron en las afueras de la embajada estadounidense para esperar
la respuesta a la carta que entregaron allí, pero en horas de la tarde
se retiraron del lugar.
La embajada de México en la capital ecuatoriana ratificó el miércoles
que no facilitará el traslado de decenas de cubanos que se encuentran
varados en Ecuador y que han pedido les ayuden a llegar a Estados Unidos.
Juan Manuel Nungaray, ministro en jefe de la embajada, en declaraciones
a la red de televisión Ecuavisa dijo que México tiene “una política
migratoria que establece una serie de requisitos y procedimientos para
los solicitantes de visa …(que) tienen que cumplir esos requisitos”.
Consultado acerca de la posibilidad de establecer un corredor
humanitario y facilitar visas de tránsito, como lo hizo su país para los
cubanos varados en Centroamérica, respondió que “aquí (en Ecuador) la
situación es muy distinta, por eso la postura de nuestro gobierno es
diferente”.
Curiosamente, quien coordina las acciones de los más de 5.000 cubanos
que viven en Ecuador y buscan emigrar a Estados Unidos es un exdiputado.
Peter Josué Borges Basulto tuvo una trayectoria destacada en el régimen
cubano desde la infancia. De pionerito jefe de destacamento a diputado
de la Asamblea Nacional del Poder Popular, con la doble militancia en la
Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) y el Partido Comunista,
De líder en la primaria, Borges pasó a jefe de colectivo en la etapa de
secundaria básica y presidente de la Federación de Estudiantes de la
Enseñanza Media (FEEM) en el municipio de Camagüey. Por su vinculación
con el programa de formación de maestros integrales, una iniciativa que
buscaba llenar los vacíos dejados por el éxodo masivo de maestros en la
enseñanza secundaria, se convirtió en un dirigente que se codeaba con
las altas esferas de la UJC y la Federación Estudiantil Universitaria
(FEU), informa 14ymedio.
Borges ha promovido manifestaciones frente a las embajadas de Estados
Unidos y México para pedir visas humanitarias para los migrantes cubanos.
“Para unos se trata de un presunto espía, implantado por el omnipresente
Departamento de la Seguridad del Estado cubana, con el fin de asegurar
una fuente de divisas para el Gobierno de la Isla; para otros es el
mesías que se propone llevar al pueblo a la tierra prometida, Estados
Unidos, en medio de las turbulencias”, señala Mario J Pentón en su
reportaje en 14ymedio.
Entonces y ahora
Biscet formuló sus declaraciones ayer miércoles, día que fue honrado con
las llaves de la ciudad de Coral Gables por su alcalde, James Cason,
quien fue jefe de la Oficina de Intereses de EEUU en La Habana (SINA).
Durante la época en que Cason estuvo a cargo de la SINA, fue acusado por
el Gobierno cubano de incumplir, en gran medida y de forma sistemática,
el plan de otorgamiento de visas a los cubanos.
Estados Unidos solo había dado 10.724 visas en los nueve meses que
concluyeron el 30 de junio, un 53,6 % de la cuota mínima anual de 20.000
que debe conceder al cierre de septiembre, según acuerdos firmados por
ambos países en 1994.
La SINA culpó al gobierno cubano por el incumplimiento. Dijo que este
había rechazado entregar visas a empleados del Departamento de Estado
para trabajar en Cuba y ha impedido la contratación de ciudadanos
cubanos para ocupar 47 vacantes en la Sección de Intereses. El Gobierno
cubano también había impedido que el Departamento de Estado importe
materiales y abastecimientos para mejorar el inmueble, agregó.
Por su parte, La Habana negó estas acusaciones. Josefina Vidal,
directora del Departamento de América del Norte del Ministerio de
Relaciones Exteriores, dijo entonces a la AP que 18 de las 20 plazas
destinadas al cumplimiento de los acuerdos migratorios estaban
cubiertas. Añadió que se estaban procesando las visas para las dos
restantes. Agregó que este año Cuba había otorgado visado a ocho
trabajadores temporales destinados a realizar tareas relacionadas con
los trámites migratorios.
En ocasiones anteriores la SINA había confrontado atrasos en la entrega
de visas. Tampoco Cuba permitía la salida de algunas de las personas que
habían recibido los visados. Pero durante la época de Cason fue la
primera vez que Washington declaró que no iba a cumplir con las 20.000
visas anuales.
Las razones que adujo Cason entonces no fueron convincentes. Al parecer
los motivos políticos parecer los motivos políticos habían pesado más
que las excusas burocráticas. El Departamento de Estado no logró
explicar de forma satisfactoria cómo es que, en un par de años o menos,
había visto disminuir sus recursos en La Habana en un grado tan elevado
que no era capaz de llevar a cabo todos las tramitaciones prometidas.
Eso sin contar que no había lanzado mensaje de alarma alguno al
respecto. Fue la nota de la cancillería cubana la que dio a conocer el
problema.
James Cason se marchó de la Isla en 2005 entregando para la fecha más de
20.000 visas.
“Este logro destaca nuestro compromiso continuo con una emigración
segura, legal y ordenada”, dijo en una declaración de prensa el hasta
entonces jefe de la diplomacia estadounidense en la isla. La SINA “ha
entregado a los cubanos 20.075 documentos de viaje” durante 2005,
afirmaba la nota. “Los argumentos esgrimidos reiteradamente por el
régimen de Castro sobre las supuestas intenciones de los Estados Unidos
de precipitar una crisis migratoria masiva son a todas luces falsos”,
manifestó Cason en aquella ocasión.
El 21 de junio de 2004 —mucho después de la administración Clinton y la
“Crisis de los Balseros”— Fidel Castro lanzó al presidente
estadounidense George W. Bush una amenaza velada de éxodo masivo.
Ese día Castro dijo, frente a más de 200.000 cubanos movilizados por La
Habana para protestar contra las restricciones de viajes adoptadas
entonces por Washington y el aumento de las condiciones para el envío de
remesas a la Isla:
“Podrían ocurrir cosas indeseables, que no son buenas para el pueblo de
Cuba ni para el pueblo de Estados Unidos. Podrían destrozar el acuerdo
migratorio, podrían provocar éxodos masivos que no estaríamos en
condiciones de impedir”.
Para esa fecha, ya hacía algún tiempo desde que el presidente
estadounidense George W. Bush, y no Bill Clinton, había formulado la
declaración de que un éxodo masivo desde la Isla sería considerado un
acto de guerra. Incluso dicho argumento fue uno de los utilizados por
Castro para justificar el fusilamiento de tres jóvenes negros, que
intentaron secuestrar una embarcación en 2003.
Con el acercamiento entre Washington y La Habana, amenazas de este tipo
no se formulan abiertamente, pero continúan latente. El Gobierno
estadounidense sigue temiendo que se desate un éxodo masivo, y es por
ello que mantiene vigente la Ley de Ajuste Cubano y la política “pies
secos/pies mojados”. Al parecer, va a dejar el problema al próximo
inquilino de la Casa Blanca, sea republicano o demócrata. Pero la
situación de la inmigración cubana continúa deteriorándose y la división
de los propios cubanos al respecto aumenta. Es una caldera de vapor
colocada en un fuego cada vez más intenso. Lo que no se sabe es cuándo
va a estallar.

Source: Biscet y los nuevos inmigrantes – Noticias – Cuba – Cuba
Encuentro –
www.cubaencuentro.com/cuba/noticias/biscet-y-los-nuevos-inmigrantes-325910

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