Represión en Cuba

Quién los juzga a ellos?

‘¿Quién los juzga a ellos?’
BORIS GONZÁLEZ ARENAS | La Habana | 24 de Junio de 2016 – 10:57 am.

Doraisa Correoso Pozo nació en Santiago de Cuba el 11 de abril de 1969.
Cuando tenía cinco años, ella y sus hermanos fueron testigos del
asesinato de su madre, Ladis Luisa Pozo, apuñalada por un hombre que
pretendía estar enamorado de ella. Fue cuidada especialmente por su
padre, Salvador Correoso Martínez, con quien vivió tres años en el
camión en el cual él trabajaba.

A los 16 años, Doraisa fue víctima de una violación que tuvo como
consecuencia el nacimiento de su único hijo, Frank Odelvis Deroncelé
Correoso, en 1985.

En 1994 intentó salir del país con su hijo. Su hermano menor, Andrés
Noel Correoso Pozo, quien también pretendía emigrar, fue llevado a
prisión por dos años y terminó cumpliendo ocho. Todo ese tiempo, cuenta
Doraisa, estuvo reclamando justicia para él.

En 1996 se unió a la organización Seguidores de Chibás, que más tarde se
llamaría Partido del Pueblo, y comenzó una vida de intensa militancia en
la oposición y la movilización políticas.

Firmó en el año 2000 el Proyecto Varela y fue más tarde Dama de Apoyo de
las Damas de Blanco. Usualmente asistía a apoyar a Laura Pollán en La
Habana, pero el 16 de julio de 2011 decidieron dirigir su marcha a El
Cobre, lideradas por Belkis Cantillo Ramírez, entonces representante del
grupo femenino en Santiago de Cuba.

Allí las esperaba la Seguridad del Estado con individuos movilizados
para atacarlas. Belkis Cantillo fue apuñalada en un brazo y a Doraisa
una camioneta le golpeó y la tiró al suelo. Esa golpiza la obligó a
pasar varios días ingresada en el Hospital Provincial Saturnino Lora.

El pasado 10 de febrero de 2016, Doraisa Correoso estaba muy cerca de su
casa, frente a la Tercera Unidad, o Motorizada, cita en Calle Cuarta
entre Aguilera y Enramada. Reclamaba la libertad de Lisandra Rivera
Rodríguez cuando un grupo de policías —o militares vestidos como tal—
salió de la dependencia y golpeó de modo brutal a los 11 opositores allí
presentes. Entre ellos estaba Enrique Figuerola, quien sufrió una
fractura de mandíbula.

“Me dijeron que a Lisandra se la había llevado la policía y estaba
detenida en la Tercera Unidad. Avisé a otra hermana mía, le avise a
Enrique y fuimos todos para la Tercera con Damarys Rodríguez Ramos, la
madre de Lisandra”.

“En Santiago es así, cuando alguien está detenido o en problemas todos
vamos a apoyar, sin importar la organización a que pertenece. Pedíamos
su liberación de manera pacífica, porque eso es lo que somos, luchadores
pacíficos. De un momento a otro, no sé por qué razón, una pandilla de
oficiales de la policía política salió y nos han dado una paliza que eso
fue terrible. Los agentes Julio y Richard, que son nombres falsos,
estaban al frente de la operación.

¿Vestidos de civil?

No, vestidos de uniforme policial, azul.

¿Eso fue afuera de la unidad?

En la calle, frente a la Tercera Unidad.

¿A ti te dieron hombres?

Hombres, allí no salió ninguna mujer a dar golpes, todos fueron hombres.
Y fuertes, grandes, bien corpulentos. Además, parece que los golpes que
daban eran con técnica, porque no eran golpes simples. A mí me han dado
demasiado, yo sé lo que es un golpe.

Hubo un momento en que perdí la noción de tiempo y espacio, no perdí el
conocimiento, sino que me dije: “Si yo estaba aquí, como voy a estar
ahora en un calabozo”.

Todavía no sé, en el cerebro no me cabe cómo si yo estaba en la calle
pasé para el calabozo. Todavía no asocio cómo sucedió.

O sea, los golpes que te dieron en la cabeza, ¿tú no sabes?

Yo no sé cómo pasó. Te digo que sé que me dolía el brazo. Cuando estaba
sentada en el calabozo con Damarys y Mercedes Hechavarría, la esposa de
Enrique Figuerola, Mercedes me dice: “Oye Lalo (a mí me dicen Lalo)
tienes el hombro caído”. Y le digo que no me toque y que no nos
pronunciemos para que no se enteren de que tengo dolor. Me aguanto el
brazo hasta que les dio la gana a ellos de soltarnos con una multa de
500 pesos por escándalo público… Escándalo público nosotros, ¿y a ellos,
quién los juzga?

Fui al Hospital Provincial y allí estaban ellos también. Les dije:
“Quiero el certificado de lesiones para acusarlos”. No me lo querían
dar. Volví al otro día. Al otro día sí me atendieron, me enyesaron.

¿Te hicieron radiografías?

¿Radiografías? En Cuba no hay radiografías para los opositores.

O sea, que la persona dictaminó que tú tenías una fractura y te enyesó
el brazo.

No, no es fractura. Es en los ligamentos. Tenía contusiones en los
brazos. Fui a verme con el neurocirujano porque los dolores de cabeza no
se me quitaban. Por gusto. Fui para mi casa.

¿Te dieron un papel que hablaba de los daños que te hicieron?

El del brazo sí. Yo fui hasta ortopedia y el médico de ese turno sí me
lo dio. Él es de apellido Carrión.

Entonces finalmente un ortopédico dictamina las lesiones de tu brazo, no
las de la cabeza. ¿No te hacen radiografías, ni tomografía, ni nada?

No. El 24 de febrero fui con mi esposo a cambiarme el yeso. Tratando de
evitar la lesión que tengo ahora, que son quemaduras por fricción del
mismo yeso.

Al Saturnino Lora, igual.

Sí. Ya me tenía las escaras hechas, me lo volvieron a poner. Y cuando
llego al neuro, toco la puerta y me topo con la misma doctora de la vez
anterior, que se llama Yolanda, pero no me sé el apellido. Me dice:
“Esta es la tercera vez que te voy a atender. ¿Todavía no te han hecho
una radiografía?”.

Le respondí que no y ella llamó por teléfono no sé a quién, si fue al
director del hospital o a quién. Le dio a mi esposo un papelito para ir
al sótano.

Allí en el sótano me estaban boicoteando los técnicos de rayos X. Les
dije que si no me hacían la radiografía iba para la dirección. Mi esposo
me dijo: “Espérate, Doraisa, no camines más”. Subió, habló con la
doctora Yolanda, ella llamó y preguntó qué estaba pasando. Es entonces
que me hacen la radiografía. Mi esposo la recoge, y le digo: “Déjame ver
la radiografía”, cuando me la da, veo que tiene una tumoración oscura
con grietas y digo “no puede ser, esa no puede ser mi cabeza”, pienso
que se habrán confundido ellos y voy para el salón de nuevo.

Entonces me responden que yo soy la única persona que se ha hecho
radiografías. Cuando le enseñamos la placa a la doctora, ella empieza a
llamar a unos cuantos médicos y me dice: “Tú de aquí no te vas”.

“Cómo que no me voy —le respondo yo—, si esta no es mi casa”. Entonces
ella me dice que tengo que ingresar. Yo no había ido preparada para
ingresar, sino solamente a verme el yeso. La doctora insistió que tenía
que quedarme, llamó a dos policías, bajó el director, porque no podía irme.

No me dijeron qué pasaba, algo estaba mal y no podía irme. Me ingresaron
en el quinto piso cama 29, en Neurocirugía. El neuro que me atendió se
llama Fernando Tasé. Me quedé allí seis días. Yo no tomo agua ni como
nada del hospital. Todo tiene que ser de mi casa.

¿Qué te hicieron durante esos seis días?

Me pusieron muchos sueros. Me pasaron por el somatón, la vista, me
hicieron otra placa.

¿Aquella radiografía que te hicieron el primer día sí te la quedaste tú?

No, nunca me han dado ninguna radiografía. Al médico, Fernando Tasé, le
he pedido la radiografía dos y tres veces, porque sigo atendiéndome con
él. Lo que me manda es ponerme sueros de vitaminas mensualmente o cada
quince días. Yo le digo que quiero mi placa y me dice que no me la
pueden dar, que mi placa es para estudio. Ya yo digo que ahí está la
mano de la Seguridad y que por eso no me quieren dar la radiografía.

¿Y te hicieron una tomografía y no te quisieron dar los resultados?

No.

Y no te dicen qué estás padeciendo. Te dicen lo que tienes que hacer y
te ponen tratamiento.

“No puedes coger sol, no puedes incomodarte, tienes que hacer reposo
físico, no puedes estresarte”. ¡Pero si yo vivo en un estrés completo
todo el tiempo!

Entonces estuviste seis días, entre finales de febrero y comienzos de
marzo, ingresada, con un diagnóstico y un tratamiento que desconoces.

Así mismo. En esos seis días yo no podía ni pararme de la cama. Cuando
iba al baño confundía la puerta con la del closet. No me dejaban pararme
sola ni salir de mi cama, tenía que estar todo el tiempo acostada allí.
Con los sueros. Sí tuve una atención médica que no te voy a engañar, muy
buena. Los médicos todo el tiempo encima de mí.

La placa no me engañó. Yo sé que mi cabeza no estaba nada bien. Estuve
allí hasta que me dieron el alta. Fui a mi casa y sigo atendiéndome en
consulta con el médico Fernando Tasé.

¿De la cabeza te has seguido sintiendo mal?

Sí.

¿Qué medicamentos estás consumiendo? ¿Esas inyecciones de vitaminas?

Me ponen en un suero cualquier cantidad de vitaminas, que ponen el suero
rojo que parece sangre, a gotear ahí hasta que se consume.

¿Y cuál es la situación del brazo?

Tengo una lesión en el brazo que me impide enderezarlo, aquí tengo el
certificado que me han dado. Además el yeso me provocó quemaduras.

¿Pero la mano sí está bien?

Sí, la mano sí está bien. Pero el brazo no, mira.

No lo muevas, no hace falta.

No, para que veas. El brazo baja hasta aquí, ves, no baja más. Hasta ahí
ya, el brazo no da más. La afección es en los ligamentos.

¿Tú familia te ha apoyado?

A mí mi padre me idolatra, él es mi ídolo, porque fue quien me enseñó a
luchar. Él vive conmigo porque ya tiene 75 años y yo soy quien lo cuida.
Mi esposo está todo el tiempo conmigo y cuando salgo a la calle lo hago
acompañada por él o por mi nieto, porque tengo temor de que el mayor
Castillo me coja por la vía y me vuelva a dar otra paliza.

Source: ‘¿Quién los juzga a ellos?’ | Diario de Cuba –
www.diariodecuba.com/derechos-humanos/1466712805_23316.html

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