Represión en Cuba

Carta de protesta del Comité de Base de la UJC del diario ‘Vanguardia’

Carta de protesta del Comité de Base de la UJC del diario ‘Vanguardia’
DDC | Santa Clara | 1 de Julio de 2016 – 18:54 CEST.
Santa Clara, 7 de junio de 2016

Compañeros y compañeras, miembros de la UPEC:

Como periodistas elegimos el derecho a publicar en medios digitales o
impresos que no representan ofensas a la dignidad plena del hombre y la
mujer, ni significan una amenaza a la soberanía de nuestro país. Hacemos
uso del derecho más legítimo de escribir y opinar tanto en medios
oficiales como en las plataformas digitales emergentes. Y no existe,
como a algunas personas les parece, ninguna contradicción entre nuestro
trabajo en los medios oficiales y la colaboración con los medios
alternativos y/o privados.

Pero, ¿por qué colaboramos? Las respuestas incluyen numerosos aspectos
que combinan el deseo personal y el derecho legítimo con la necesidad
económica. Luego de egresar de las universidades comenzamos a trabajar
en medios de prensa que si bien se actualizan, no logran superar de una
vez sus distorsiones estructurales. Y a pesar de que juicios bastante
superficiales culpan a los jóvenes de no cambiar el propio panorama
mediático, nosotros no podemos ni podremos mejorar el periodismo cubano
mientras las políticas informativas no se liberen definitivamente de sus
ataduras a las instituciones y a las fuentes oficiales.

Se asume que el temor, la pereza, el silencio de los periodistas
supuestamente autocensurados e incapaces de investigar a profundidad,
justifican el estado de nuestra prensa. Pero ese argumento se derrumba
por su propio peso.

¿Por qué los medios de la Isla esperaron varios días para referirse a la
crisis migratoria provocada por los cubanos varados en Centroamérica,
mientras la revista digital OnCuba actualizaba esos acontecimientos a
diario? ¿Por qué OnCuba se refirió a las últimas inundaciones de Santa
Clara y el periódico Vanguardia no? ¿Por qué OnCuba atendió los falsos
rumores sobre la tasa de cambio del CUC mientras Vanguardia no otorgó
importancia al suceso? Es cierto que la emisora CMHW atendió esos
asuntos desde su móvil, pero un solo periodista y un solo medio no son
suficientes para abordar la realidad social cubana.

Aunque el primer vicepresidente cubano Miguel Díaz-Canel Bermúdez,
consciente de la función del periodismo en la actualidad cubana, aseguró
hace poco que los medios “ya no tienen que aguardar por orientaciones de
arriba”, la censura está lejos de desaparecer. La censura existe y ata
el ejercicio del periodismo revolucionario. Como una hidra de mil
cabezas, la censura afecta especialmente las palabras, las ideas y los
matices de los textos. No hace falta vetar la publicación de un
comentario periodístico si se altera su sentido mediante numerosas
estrategias discursivas.

Para censurarnos los jefes de los medios de prensa arguyen que las ideas
expresadas en nuestros trabajos “no convienen a los intereses del país
en los momentos actuales”, o que nuestros reportajes y comentarios
resultan “demasiado críticos”, o que late en alguna parte de nuestros
textos el doble sentido. Según nuestros superiores un reportaje
“incómodo” puede carecer de fuentes oficiales que apunten al esfuerzo y
la voluntad del Estado para resolver las dificultades del pueblo. O
puede que, por defecto, solo esboce la versión negativa de un asunto. En
estos casos, editores y directivos conminan a “suavizar” las ideas, en
bien de “los pobres receptores” incapaces de comprender los fenómenos
sociales.

Si hoy padecemos un discurso hipercrítico sobre Cuba tendremos que
reconocer que el propio país ha labrado ese destino. Tantas décadas y
tantos medios acríticos dedicados a presentar visiones triunfalistas de
los hechos, han provocado una avalancha hipercrítica sobre Cuba. Y
nosotros, en cualquiera que sea el caso, no somos los responsables.

En un panorama mediático sin precedentes, particularmente OnCuba ha
llamado la atención por sus niveles de audiencia. Si se considera que
esta publicación digital tiene fines opuestos a nuestra soberanía, nos
gustaría saber por qué tantas empresas e instituciones revolucionarias
como Gaviota Tours, BioCubaFarma, Gran Caribe, CubaRon, HavanaTour,
TecnoAzúcar, la Bienal de Diseño, Habanos, Habaguanex, Cubatur, Islazul,
Havana Club y Mintur, entre otras, presentan publicidad en OnCuba. Si
OnCuba es una página contrarrevolucionaria nos gustaría saber por qué
numerosas personalidades afiliadas a la UPEC, la UNEAC, la AHS, la ANEC
y hasta al PCC escriben para OnCuba. ¿Por qué los escritores e
intelectuales Marilyn Bobes, Laidi Fernández de Juan y Arturo Arango,
los periodistas Yuris Nórido y Reinaldo Cedeño, el meteorólogo José
Rubiera y el economista Juan Triana Cordoví, entre otras personalidades,
escriben para OnCuba? Pero sobre todo, si OnCuba es una página
contrarrevolucionaria nos gustaría conocer hoy, aquí, ¿por qué ese medio
alcanzó estatus legal en Cuba y por qué pertenece al Centro
Internacional de Prensa de La Habana? Solo después de responder
convincentemente estas preguntas se podría pretender que no colaboremos
con OnCuba.

Por otro lado, pero sin asumir que se trata de un motivo menos
importante, también colaboramos porque nuestra posición en la
tristemente célebre pirámide invertida nos impulsa a hacerlo, sin
descontar que también escribimos porque se trata de nuestro más legítimo
deseo. Y nadie nos usa ni se vale de nuestra supuesta ingenuidad.
Escribimos lo que queremos e intentamos emplear todas las herramientas
periodísticas aprehendidas en nuestras universidades. Nadie altera
nuestros textos ni negociamos nuestras posturas revolucionarias. Ahora
más que nunca somos y debemos ser totalmente responsables de nuestra
opinión.

¿Cuántas veces en cuántos plenos y congresos colegas nuestros han
alertado sobre la necesidad de revertir el alcance limitadísimo del
ingreso de los periodistas? Pero el aumento salarial, tanto como la Ley
de Prensa y el reordenamiento de los medios de comunicación, ha tardado
demasiado. Mientras aprobamos la llevada y traída ley, mientras se
estudie y no se ejecute el aumento salarial, pero sobre todo, mientras
las políticas informativas aten el ejercicio del periodismo, nosotros
colaboraremos. Y con eso no hacemos ni queremos hacer daño a la
Revolución. Todo lo contrario: queremos construir una Cuba diversa, muy
lejos del discurso gris y chato. Y debiera asumirse como una ventaja y
no como un peligro que seamos nosotros mismos —jóvenes periodistas
formados en las universidades cubanas— los colaboradores de esos medios.

Sin embargo, nuestra labor ha desatado sobre nosotros una cacería de
brujas preventiva. No tenemos tapujos para decir aquí hoy que fuerzas
extraperiodísticas nos investigan en los centros de trabajo y en los
CDR; nos siguen paso a paso y nos llaman a contar por la publicación de
comentarios o trabajos polémicos. Nosotros no somos un peligro para la
seguridad del Estado cubano y eso debería estar claro.

Puede que no sea en unos medios y sea en otros. Pero si los periodistas
no podemos desembarazarnos de una relación nociva con las fuentes e
instituciones, aun cuando estas sean criticables, hallaremos un canal
para nuestras opiniones. Y ninguna ley, disposición, decreto, convenio
laboral o instrumento jurídico prohíbe la colaboración con los medios no
oficiales. ¿Cómo se detendrá el ejercicio de la opinión en las
plataformas actuales o en las venideras? Creemos que no se puede ni se
debe detener el libre y responsable ejercicio de la opinión. Por el
momento nosotros colaboramos y seguiremos colaborando con
responsabilidad y espíritu revolucionario. Y ese hecho no debiera ser
problemático ni motivo de acusaciones furibundas, como ha sucedido hasta
hoy.

Comité de Base de la UJC

Periódico Vanguardia

Source: Carta de protesta del Comité de Base de la UJC del diario
‘Vanguardia’ | Diario de Cuba –
www.diariodecuba.com/cuba/1467392069_23533.html

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