Represión en Cuba

Auge y caída del empresario canadiense Zarkis Yacoubian

Auge y caída del empresario canadiense Zarkis Yacoubian
OSMAR LAFFITA ROJAS | La Habana | 20 de Marzo de 2017 – 09:17 CET.

Los canadienses de origen armenio Sarkis Yacoubian y Cy Tokmakjian
llegaron a La Habana en 1993, con una mano delante y otra atrás. Su
arribo a la Isla coincidió con el “Periodo Especial”, momento en que la
economía cubana estaba sumida en su peor crisis, como consecuencia de la
inesperada y abrupta caída del comercio con los desaparecidos países
socialistas y la desintegración de la Unión Soviética.

Ante aquella grave situación económica y para detener la caída en picada
del Producto Interno Bruto (PIB), Cuba necesitaba de una urgente
inyección de dinero, tecnología e insumos de todo tipo que solo le
podían proporcionar las empresas capitalistas extranjeras. En aquella
grave crisis, Yacoubian y su socio Tokmakjian vieron la oportunidad de
enriquecerse.

Yacoubian, un armenio nacido en el Líbano, había estudiado Relaciones
Internacionales. En Montreal obtuvo una maestría en la Universidad
McGill. Después se fue a Cuba. En 1996 se apartó de Tokmakjian, regresó
a Canadá y fundó en Yarmouth, Nueva Escocia, su firma comercializadora
Tri-Star Caribbean Inc. Ese mismo año retornó a La Habana y a través de
los contactos y amistades que Yacoubian había cosechado en los
ministerios con los cuales estableció vínculos comerciales, pudo lograr
que la apertura de una sucursal en La Habana fuera rápidamente
autorizada por una resolución de la Cámara de Comercio de Cuba y el
Ministerio de Comercio Exterior y la Inversión Extranjera, el 24 de
julio de 1997.

Por los elevados montos de dinero acumulado en las operaciones
realizadas por Tri-Star en negocios realizados con ministerios y
empresas cubanas, llegó a ubicarse como la tercera filial extranjera en
Cuba, solo superado por la canadiense Sherritt y la empresa de su
exsocio Tokmakjian.

Los primeros pasos de Yacoubian como empresario empezaron con 3.000
dólares. Luego de permanecer unos 20 años en Cuba, fue tal el
crecimiento de Tri-Star Caribbean Inc. que, antes de su cierre
definitivo por la Seguridad del Estado, reportaba operaciones cercanas a
los 30 millones de dólares al año.

Tan pronto como Tri-Star se estableció oficialmente en La Habana,
empezaron a recibir fondos de compensación de la Canadian Commercial
Corporation (CCC), una intermediaria que asegura contratos entre el
Gobierno cubano y firmas canadienses, y que funciona con aportaciones de
los contribuyentes de dicho país.

La representación de TriStar en Cuba estuvo domiciliada en Avenida 5ta-E
No. 9418 en el reparto Miramar, municipio Playa. En el momento de mayor
actividad comercial llegó tener 60 empleados, contratados a la Agencia
de Contratación a Representaciones Comerciales (ACOREC), lo que la
convirtió en la mayor firma extranjera radicada en Cuba.

Yacoubian, gerente general deTri-Star Caribbean Inc., por los positivos
resultados alcanzados en el suministro y venta de parque automotor,
tecnología y materias primas a los ministerios de la Construcción, Salud
Pública, Transporte, Comunicaciones, Interior y los desaparecidos
ministerios de Sideromecánica e Industria Básica, pasó a ser uno de los
empresarios de máxima confianza para las altas esferas del Gobierno. Se
le conocía como “el zar de comercio automotor en Cuba”.

Desde que Yacoubian fundó su filial de Tri-Star Caribean Inc.en La
Habana en 1996, comenzó a suministrarle vehículos blindados a la Empresa
de Protección y Seguridad de Valores (SEPSA), perteneciente al
Ministerio del Interior (MININT) y ambulancias, gomas y repuestos para
el Ministerio de Salud Pública (MINSAP).

En 1999 empezó a suministrar equipos al Ministerio de la Construcción
(MICONS) para la industria de materiales y otras aplicaciones en el
sector, entre ellos camiones de gran tonelaje, vehículos articulados,
compresores, equipos de perforación, diferentes marcas de grúas
articuladas, manipuladores telescópicos, bulldozers y compactadores,
entre otros.

Gracias a esos negocios, se abrieron como empresas asociadas cinco
talleres en cuatro ministerios para garantizar el servicio postventa y
ofrecer asistencia técnica. Estos operaron en los ministerios de
Trasporte, Sideromecánica, Construcción, y un par de ellos en el
Ministerio de Industria Básica.

Tal era la confianza y seguridad de Yacoubian, que durante una
entrevista acerca del desempeño futuro de Tri-Star en Cuba, respondió:
“Seguimos y nos mantenemos, a pesar de la crisis económica a nivel
mundial y el embargo de Estados Unidos”.

El gerente general de Tri-Star señaló en aquella ocasión: “Cuba ha
logrado tener un nivel de estabilidad en todas las áreas, con disciplina
financiera, lo cual da confianza a operar. Veo el futuro muy positivo
porque una firma que tiene por filosofía la transparencia y como una de
sus responsabilidades fundamentales garantizar el servicio de postventa,
en cualquier lugar tiene éxito, y en Cuba más”.

Caída en desgracia

La caída en desgracia de Yacoubian comenzó a principio de 2011, tras el
arribo a La Habana de un yate que adquirió por encargo en el extranjero.
Tan pronto el yate estuvo en Cuba, la Inteligencia cubana lo sometió a
un minucioso chequeo y supuestamente detectaron en su interior una
sofisticada técnica de escucha y localización instalada por servicios
extranjeros, lo que condujo a posteriores investigaciones sobre los
pasos y las relaciones del empresario. El poderoso e influyente
Yacoubian sirvió de pieza clave para destapar otros asuntos bien
complicados.

Todo este proceso, que terminó con su defenestración definitiva, se
desarrolló en un total secretismo. Ni la prensa nacional ni la
extranjera tuvieron acceso a ninguna información, aunque el escándalo de
corrupción fue de grandes proporciones.

La Fiscalía, con el diligente apoyo del represivo aparato de instrucción
de la Seguridad del Estado, dijo conocer cuál era la verdadera labor de
Yacoubian. El empresario canadiense de origen armenio, al que sus más
connotados clientes, calificaban como un probo mecenas, donaba una
ínfima parte de su fortuna al necesitado pueblo cubano, para quien traía
contenedores de ropa usada que recolectaba gratuitamente en Canadá,
ambulancias para Salud Pública, equipos para la construcción y la
industria minera entre otras donaciones.

La prensa oficial no ha informado sobre este presunto delincuente de
cuello blanco, con disfraz de hombre bueno, que durante largo tiempo
realizó turbias operaciones financieras en las que participaron como
cómplices y beneficiados de esos sucios negocios, funcionarios de
diferentes ministerios y empresas cubanas.

Después de la incautación del yate, Yacoubian fue arrestado en julio de
2011 y recluido en Villa Marista, el cuartel central de operaciones de
la Seguridad del Estado. Transcurrido un mes bajo arresto, en un folio
de 63 páginas se le acusó formalmente de cohecho, evasión de impuestos y
“actividades dañinas para la economía”. Además, la Fiscalía lo instruyó
de cargo por sobornar a una docena de funcionarios con cenas en buenos
restaurantes, tarjetas prepagadas de teléfonos móviles y pago de dinero
en efectivo, desde 300 dólares por una información sobre un negocio
hasta 50.000 dólares por la venta de equipos pesados en el año 2008.

En Villa Marista permaneció varios meses. De ahí fue llevado a una casa
de la Seguridad del Estado y posteriormente remitido a la prisión La
Condesa, ubicada en el municipio Güines, actual provincia de Mayabeque.

Después de permanecer dos años y medio recluido en La Condesa, se
celebró el juicio y fue sentenciado a 9 años de prisión por corrupción.
Pero de repente, a las 48 horas, las autoridades penitenciarias
autorizaron su liberación y deportación a Canadá, su país de origen. Se
desconoce quién dio la orden para esa decisión. A Yacoubian solo le
comunicaron que lo dejarían ir y punto.

En las investigaciones realizadas por la Seguridad del Estado a
Tri-Star, entre otros hilos de una complicada madeja, salieron a flote
irregularidades en la Empresa de Telecomunicaciones de Cuba S.A.
(ETECSA), lo que condujo al arresto de varios vicepresidentes y
ejecutivos de esa empresa y terminó con la destitución del general
Maimir Mesa, presidentede la empresa y que luego fue promovido a
ministro de Comunicaciones.

También fueron removidos de sus cargos el viceministro primero del
Ministerio de Comunicaciones, Ramón Luis Linares, y el viceministro
Alberto Rodríguez Arufe, a los cuales se les acusó de enriquecimiento
ilícito, asociados al caso de corrupción del cable submarino de fibra
óptica tendido entre Cuba y Venezuela. La filial Tri-Star le vendió
equipos a la empresa mixta cubano-venezolana Telecomunicaciones Gran
Caribe S.A. (TGC), creada en el 2007 y responsabilizada con el tendido
del cable submarino de fibra óptica entre ambos países, cuyo costo fue
de 70 millones de dólares, sufragado totalmente por Caracas.

Los hechos de corrupción puesto a la luz pública en ETECSA y el
Ministerio de Comunicaciones fueron el resultado de negocios ilícitos
que al amparo de Tri-Star realizaban funcionarios corruptos de TCG, sin
que hubiese sobre ellos control alguno para denunciar sus actividades
delictivas. Yacoubian tenía a la gente de ETECSA en un bolsillo. Además,
al disponer de mucho dinero, se dijo que Yacoubian realizó operaciones
de lavado de activo robado sin despertar mayores sospechas.

Por los fuertes vínculos que mantenía Yacoubian con TCG, se prestó para
que funcionarios corruptos de la citada empresa, hoy tras las rejas, no
dejaran ningún rastro del dinero obtenido de manera fraudulenta.
Supuestamente, esto fue posible porque Tri-Star se desempeñó como una
suerte de banco clandestino, en el que se realizaban operaciones de
lavado de dinero.

Todo parece indicar que las autoridades cubanas tendieron
deliberadamente una cortina de humo en torno a Yacoubian. Al parecer,
con el objetivo de que su detención, juicio y condena, el cierre
definitivo de Tri-Star y la incautación forzosa de todos los bienes del
empresario canadiense no fueran del conocimiento público.

Se ha intentado que las medidas tomadas contra Yacoubian y sus más
cercanos colaboradores se vean como la consecuencia de las informaciones
brindadas en su contra por su enconado rival Cy Tokmakjian, de 73 años,
gerente general de la filial en Cuba Tokmakjian Group, que operaba en el
mismo giro de venta de autos y reparación de motores.

Eso era lo que el régimen deseaba que se conociera, pero los interesados
en liquidar de manera definitiva la lucrativa empresa de Yacoubian, con
el fin de quedarse con el negocio automotriz en Cuba, todavía permanecen
en la sombra: son los que verdaderamente mandan en el país.

Source: Auge y caída del empresario canadiense Zarkis Yacoubian | Diario
de Cuba – www.diariodecuba.com/cuba/1489951448_29764.html

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