Represión en Cuba

Cubanos temen que Trump prohíba el envío de remesas a la isla

Cubanos temen que Trump prohíba el envío de remesas a la isla
02 de julio de 2017 – 15:07 – Por IVÁN GARCÍA

Las transacciones en divisas de parientes y amigos residentes en el
extranjero, en particular en EEUU, son el sostén fundamental de miles de
familias cubanas

LA HABANA.-Sin demasiada precaución, el camión cisterna de CUPET pintado
de verde y blanco, comienza a depositar combustible en el sótano
soterrado de una gasolinera ubicada en la intersección de la calle San
Miguel y Mayía Rodríguez, justo al frente de Villa Marista, sede de la
Seguridad del Estado, en el apacible Reparto Sevillano, al sur de La Habana.

La gasolinera, con cuatro surtidores, pertenece al Ministerio del
Interior, y todos sus trabajadores, aunque sean civiles, forman parte de
la plantilla militar.

“Para entrar a laborar en un centro o empresa militar, sea de las FAR o
el MININT, además de investigarte en el barrio y de exigirte
determinadas cualidades, tienes que ser militante del Partido o de la
UJC”, señala un empleado, quien añade:

“Pero las cosas se han relajado, y no todos los que trabajan en empresas
militares son cien por ciento revolucionarios. Y como en la mayoría de
los empleos en Cuba, hay quien hace dinero robando combustible, tiene
familia en Estados Unidos y solo en apariencias apoyan al gobierno”.

Llamémosle Miguel. Es un bebedor de cerveza empedernido y devoto de la
santería.

“Yo trabajo en la gasolinera hace seis años. Es verdad que te piden
lealtad al sistema y tienes que participar en las marchas del Primero de
Mayo para que no te señalen. Pero ya no hay tanto rigor como hace tres
décadas, que según me cuentan los más viejos, no se podía tener
creencias religiosas ni familia en la yuma. A mí la política no me
interesa, lo mío es la vaciladera [la vida fácil]. Tengo dos hijos en
Miami, y aunque aquí busco mis chelines, si Trump le tumba las remesas a
quienes trabajamos en empresas militares, me da Shangó con
conocimiento”, dice y se ríe.

Si algo preocupa a muchos cubanos es el tema de las remesas familiares.
Cuando el Muro de Berlín se vino abajo y el cheque en blanco de la
otrora URSS se canceló, la Cuba de Fidel Castro entró en una crisis
económica en espiral, que 28 años después todavía no ha podido superar.

La inflación golpea con crudeza a los obreros y jubilados que cobran una
moneda devaluada e inservible, que apenas alcanza para comprar unas
pocas viandas y frutas y pagar la factura del teléfono, agua y luz
eléctrica.

Dinero desde el exterior

Aunque la autocracia criolla no revela estadísticas sobre el monto de
las remesas recibidas en Cuba, expertos afirman que las cifras fluctúan
entre 2.500 y 3.000 millones de dólares anuales. Probablemente más.

Las transacciones en divisas de parientes y amigos residentes en el
extranjero, en particular en EEUU, son el sostén fundamental de miles de
familias cubanas. Constituye la segunda industria nacional y existe un
marcado interés por gestionar esa moneda dura.

“Desde finales de los años 70, Fidel Castro comprendió la utilidad de
controlar los envíos de dólares de los llamados ‘gusanos’ a sus
familiares. Cuando permitió los viajes de la Comunidad Cubana a la Isla,
ya el MININT tenía montada toda una industria para captar esos dólares.
Mira, no se puede ser ingenuo. En Cuba, donde quiera que entren divisas,
las empresas que las manejan o son militares o son del Consejo de
Estado, como Palco. Ese dinero es el oxígeno del régimen. Y sirve lo
mismo para comprar equipos, motos y autos a los oficiales del G-2 que
reprimen a los opositores y para construir hoteles, que para adquirir
medicamentos para los niños enfermos de cáncer. Y como no hay
transparencia, pueden abrir una cuenta de dos o tres millones en un
paraíso fiscal”, indica un economista.

La disección del exilio abiertamente anticastrista y las diferentes
administraciones de la Casa Blanca es correcta. El problema es encontrar
una fórmula para su aplicación y que ese chorro de dólares no llegue a
las arcas del régimen.

“Como único el gobierno no recoge los dólares que circulan en Cuba, es
que Trump prohíba completamente las transferencias de dinero. Es la
única manera de joderlos. No creo que haya otra. Pero utilizar como arma
de chantaje el dinero para que le gente exija sus derechos, me parece
deplorable. Yo también estoy con la soga al cuello. Quiero cambios
democráticos, mejores salarios y no tengo parientes en Miami. Pero no
tengo cojo… para salir a la calle y reclamarlos”, cuenta un ingeniero
que trabaja en una constructora militar.

Hace veinte años, el 27 de junio de 1997, el Grupo de Trabajo de la
Disidencia Interna lanzó La Patria es de Todos, un documento que levantó
ronchas dentro de la propia oposición. La economista Martha Beatriz
Roque Cabello, junto al difunto Félix Antonio Bonne Carcassés, Vladimiro
Roca Antúnez y el abogado René Gómez Manzano, pretendían que aquellos
cubanos que recibían dólares, se comprometieran a no participar en
actividades gubernamentales ni votar en las elecciones, todas de
carácter voluntario.

La hipocresía

Es cierto que la doble moral de un segmento amplio de cubanos incomoda a
los activistas por los derechos humanos. Con total indiferencia, por la
mañana pueden participar en un acto de repudio a las Damas de Blanco y
por la tarde se conectan a internet para que un familiar acelere los
trámites migratorios o les recargue la cuenta de su móvil.

Esa hipocresía resulta repulsiva. Pero esas personas no son represoras.
Al igual que millones de ciudadanos en la isla, son víctimas de una
dictadura. En las sociedades totalitarias se pervierte incluso el
estamento familiar.

En la URSS de Stalin se consideraba héroe a un pionero por denunciar la
actitud contrarrevolucionaria de sus padres. Hubo una etapa en Cuba
donde un fidelista convencido no podía tener amistad con un ‘gusano’,
cartearse con un familiar que hubiera abandonado el país ni recibir
dinero del exterior.

Entiendo a periodistas como Omar Montenegro, de Radio Martí, quien en un
debate radial sobre el tema, decía que medidas como ésas al menos pueden
servir para concientizar a personas que han convertido la simulación en
un estilo de vida. Pero más allá de que la regulación pueda ser efectiva
o no en el orden moral, en la práctica sería un caos para cualquier
organismo federal de EEUU.

Y, por mucha frustración que podamos tener los que aspiramos a una Cuba
democrática, nosotros no podemos ser como ellos. Ha llovido mucho desde
entonces. Los ideales de aquellos que defienden la revolución de Fidel
Castro se han prostituido. Hoy, familiares de altos oficiales del
ejército y el gobierno se han marchado a EEUU. Y a la élite de la
burguesía verde olivo que vive en la isla le gusta jugar golf, beber
Jack Daniel’s y vestir ropas de marca.

Si Donald Trump aplica a rajatabla el control de las remesas a personas
que trabajan en GAESA u otras empresas militares, afectaría a más de un
millón de trabajadores que laboran en esos negocios capitalistas del
régimen y que son tan víctimas de la dictadura como el resto de la
ciudadanía.

Los coroneles y generales, que cambiaron sus calurosos uniformes por
guayaberas blancas y los ministros y altos funcionarios, no necesitan
recibir remesas. Sin controles financieros ni auditorías públicas, ellos
manejan a su antojo las arcas del Estado. Algún día se sabrá cuánto han
robado en los casi sesenta años que llevan gobernando.

Source: Cubanos temen que Trump prohíba el envío de remesas a la isla |
Cuba, Donald Trump –
www.diariolasamericas.com/america-latina/cubanos-temen-que-trump-prohiba-el-envio-remesas-la-isla-n4125797

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